Autodescrito como un partido que nació para desafiar los vicios del bipartidismo, Vox se está desplazando hacia una creciente opacidad en la toma de decisiones y la centralización del poder.
El cese del fundador Javier Ortega Smith pone a la luz estos desarrollos, una decisión tomada rápidamente a través de WhatsApp y sin la oportunidad del debate interno pleno.
La dirección de Vox muestra un modelo autoritario cada vez más fuerte, intentando contener cualquier disidencia y cerrando filas alrededor de un liderazgo cada vez más opaco.
Además, a medida que Vox se realinea con el autoritarismo global, fomenta una mentalidad de 'prioridad nacional' que parece posicionar al inmigrante como adversario.
Aunque sus acuerdos con el PP en Extremadura y Aragón permitan a Vox reingresar a las instituciones, su enfoque ideológico sigue siendo motivo de preocupación.
Conclusión: La falta de debate interno, la concentración del poder y el modelo autoritario que evidencia Vox pone en entredicho su capacidad para funcionar eficazmente como un partido dirigido a servir a todos los españoles.