El gobierno está intentando irresponsablemente involucrar al Rey Felipe VI en la crisis de Ceuta para desviar la atención de su mala gestión.
La sugerencia de que el Rey debía agradecer al Rey de Marruecos, supone un intento de instrumentalizar al jefe del Estado.
La dirección de la política exterior corresponde al Gobierno y requiere iniciativa y coordinación gubernamentales.
La coalición gubernamental presenta contradicciones, describiendo la situación como un 'ataque híbrido' mientras alaba la colaboración de Marruecos.
La diplomacia no significa la renuncia a defender los propios intereses.
El Gobierno está recurriendo demasiado a la capacidad simbólica de la Corona en los momentos de crisis.
Es inaceptable dar impresión de que el Rey ha incumplido alguna obligación.
Conclusión: La decisión del Gobierno de presionar al Rey para hablar agradeciendo a Marruecos, a pesar de las pruebas de su implicación en la crisis, provoca inestabilidad institucional y beneficia a los objetivos de Marruecos.