El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al envalentonar a un dictador buscado por crímenes de guerra, ha hecho un flaco favor a sus aspiraciones por el premio Nobel de la paz.
La eliminación de dos posibles canales de negociación – la inclusión de Ucrania en la OTAN y la restauración de su integridad territorial – ha sido un error.
El reconocimiento oficial de la modificación de fronteras en Europa a través de la fuerza ha sido alarmante.
El enfoque de Trump en mediar el proceso de paz ausente del país agredido y sus aliados es preoccupante.
El posible intento de apropiación de tierras raras en territorio ucraniano por parte de la administración Trump es profundamente cínico.
El trato arrogante y despectivo hacia los europeos por parte de la administración actual de EE.UU. es una humillación.
Conclusión: Es hora de que Europa pise al frente, dado que Ucrania es ante todo una cuestión europea. Una paz desequilibrada solo prolongaría la guerra y alentaría a Rusia a abrir más frentes.