La sociedad sigue lidiando con el trauma y daño causados por repetidos confinamientos, opciones económicas y presupuestarias, y la desconfianza hacia los científicos y políticos.
La pandemia ha dejado al descubierto las condiciones desiguales y problemáticas de los trabajadores esenciales, a menudo mal pagados y con poca perspectiva de avance.
A pesar del reconocimiento de la contribución esencial de estos trabajadores, poco se ha hecho por mejorar sus condiciones y salarios.
La promesa de negociaciones y la implementación de un índice de calidad del trabajo sigue siendo una asignatura pendiente.
La situación de los trabajadores esenciales, cuyos sueldos no compensan sus difíciles condiciones de trabajo, es ahora reconocida y analizada objetivamente.
Conclusión: La falta de acciones concretas para mejorar la vida de los trabajadores esenciales ha alimentado la sensación de desconexión de los políticos y ha contribuido a un aumento de la amargura en la sociedad.