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Editorial: El Mundo

  • Las protestas rurales están desafiando a los gobiernos europeos en medio de tensiones iliberales en la UE. Los movimientos agrícolas son un riesgo no solo económico, sino político.
  • Los sectores primarios generalmente se sienten abandonados, llevando a la Comisión a adaptar su agenda verde.
  • El sector agrícola, aunque pequeño en términos de población, está vinculado a una identidad nacional percibida como amenazada por los antieuropeístas.
  • En España, las protestas agrícolas se han intensificado, pero el gobierno no tiene un interlocutor definido para abordar sus demandas.
  • Las ayudas de la PAC representan un tercio del presupuesto de la UE, lo que contradice la idea de abandono del campo. Sin embargo, falta un equilibrio para gestionar la transición energética y la subsistencia de un colectivo vulnerable.

Conclusión: Es esencial abrir canales de diálogo para prevenir la explotación de la frustración de los agricultores por los populismos, y evitar discursos nacionalistas y xenófobos que niegan la realidad de la globalización.