La cumbre de Barcelona impulsada por Sánchez ha proyectado el esquema de buenos y malos países, polarizando aún más la situación.
La interpretación complaciente del bloque «progresista» hacia el chavismo contrasta con la distancia hacia María Corina Machado, líder de la oposición en Venezuela.
Machado ha mostrado un gran poder político y legitimidad medibles en términos de movilización, expectativa de gobierno y reconocimiento.
La posición de Machado pivotando en la reclamación de elecciones libres y supervisadas muestra un intento de conseguir una verdadera democracia.
Frente a un aparato chavista que controla todas las instituciones, Machado reivindica la mayoría social.
La opositora venezolana evita encontrarse con Pedro Sánchez para no ser instrumentalizada.
Conclusión: El respaldo político a Machado en Madrid contrasta fuertemente con la ambigüedad de la cumbre de Barcelona y muestra una toma de posición en reconocimiento de Machado como el rostro de la transición venezolana y alternativa de poder.