El rey Felipe VI llenó exitosamente el vacío político dejado por el Gobierno en la crisis de Ceuta.
La acción del rey transmitió el crucial mensaje de que Ceuta no está sola.
La actual respuesta política ha sido insuficiente y la tragedia en Ceuta aún continuará.
La presión sobre la frontera sur de España por parte de Marruecos es una seria amenaza para la soberanía española.
La falta de visibilidad y liderazgo por parte del Gobierno ha alimentado la percepción de parálisis.
El rey Felipe VI ha demostrado que son necesarios símbolos que refuercen la confianza en el Estado cuando su efectividad es cuestionada.
Conclusión: La crisis de Ceuta exige un liderazgo político sólido, una firme posición diplomática y una respuesta que mejore la confianza en la capacidad del Estado para proteger sus fronteras, elementos que han estado ausentes hasta ahora.