España cerró 2025 con un crecimiento del PIB del 2,8%, uno de los más altos de la Eurozona.
La productividad por ocupado cayó un 0,3% el pasado año, indicando una debilidad estructural en la economía.
Hay un crecimiento extensivo basado en más empleo, gasto y consumo en lugar de en mayor valor añadido.
Las rentas salariales crecen y ayudan a amortiguar la inflación, pero sin un respaldo productivo suficiente su sostenibilidad queda en entredicho.
La demanda interna explica la mayor parte del crecimiento, mientras el sector exterior deja de aportar y la inversión pierde impulso.
Conclusión: Una economía que se expande apoyada en el consumo pero sin toda la mejora necesaria de su capacidad estructural es frágil, y esto es lo que esconden los datos macroeconómicos de España.