La economía de Francia, al igual que la de sus países vecinos, se enfrenta a una ralentización de su crecimiento debido a factores principalmente internacionales.
El gobierno de Francia ha estado durante mucho tiempo sobreestimando la tasa de crecimiento del PIB al 1,4% para este año.
Se ha anunciado un plan de ahorro de 10 mil millones de euros para mantener cierta credibilidad frente a los acreedores y socios europeos.
El gobierno ha evitado un debate parlamentario sobre el presupuesto rectificado para evitar el costo político asociado.
Aun desesperado por medidas que no satisfacen las circunstancias actuales y futuras, el gobierno continúa diciendo que la nación vive por encima de sus posibilidades.
La parálisis fiscal que demuestran las oposiciones en la mayoría relativa agrava la crisis.
El gobierno pretende decir que las medidas de austeridad afectarán solo al Estado, no a los ciudadanos, lo que dificulta la toma de conciencia colectiva.
Conclusión: La aparente incapacidad de Francia para manejar sus déficits públicos refleja un malaise democrático subyacente y una necesidad de reevaluar sus políticas y prioridades fiscales.