La enfermedad psiquiátrica continua siendo un tabú a pesar de los avances en la percepción de la salud mental.
El tratamiento de los trastornos mentales graves está plagado de contradicciones, entre el cuidado y el confinamiento, entre la protección de los derechos del paciente y la seguridad.
La psiquiatría pública está en crisis, con más del 20% de puestos de médicos vacantes en los hospitales públicos.
Existe una gran disparidad en la atención psiquiátrica en todo el país.
La hospitalización involuntaria en psiquiatría ha crecido sin suficiente supervisión, aunque ahora está sujeta a revisión judicial.
Hay necesidad de un mayor control de las hospitalizaciones forzadas y la erradicación de prácticas como la ‘contención mecánica’, a pesar de su ausencia de valor terapéutico.
Conclusión: Es imperativo tratar la desigualdad en el sistema de salud mental y reformar las prácticas primitivas para mejor servir a la población afectada.