La dictadura cubana está consciente de su agonía y busca sobrevivir cambiándose antes del derrumbe económico y agotamiento social total.
La presión estadounidense ha acelerado la decadencia del régimen con asfixia económica, deterioro energético y movimientos militares.
El futuro de Cuba está controlado por Gaesa, las fuerzas armadas y la administración de Trump.
El interés mutuo es evitar una explosión descontrolada y un vacío político que generaría otro foco migratorio caótico en el Caribe.
El riesgo compartido es que Cuba entre en una transición diseñada para salvar al régimen de sí mismo, sin democratización real.
Conclusión: Podría no haber una continuidad pura del castrismo, sino una transformación cosmética que despoje a los cubanos del derecho a decidir su futuro tras siete décadas de tiranía.